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miércoles, 4 de febrero de 2015

LA NOTICIA DEL PERIODICO "LA CORRESPONDENCIA MILITAR" QUE CAMBIO EL RUMBO Y DESTINO DE LOS SOLDADOS ESPAÑOLES EN EL "ASEDIO DE BALER", RECONOCIDOS COMO LOS "HEROES DE BALER" - LOS ULTIMOS DE FILIPINAS. - EL SITIO DE BALER

IDENTIFICACION DE LA NOTICIA DEL PERIODICO “LA CORRESPONDENCIA MILITAR” QUE CAMBIO EL RUMBO Y DESTINO DE LOS SOLDADOS ESPAÑOLES EN EL “ASEDIO DE BALER”, RECONOCIDOS COMO LOS “HEROES DE BALER” – LOS ULTIMOS DE FILIPINAS.







A continuación un extracto de lo publicado en el libro "El último de Filipinas de Almeiras - José Martínez Souto - Un héroe en Baler"





La famosa e histórica resistencia de aquel grupo de soldados españoles que en el pueblo filipino de Baler, (isla de Luzón), soportaron durante 11 largos meses nos ofrece múltiples y variadas circunstancias dignas de mención. Hechos y comportamientos que hoy en día son curiosamente estudiados y referenciados en las academias militares de Estados Unidos, Francia y Rusia.

Fueron muchas y distintas las vivencias de estos hombres, extremas buena parte de ellas, que solventaron con determinación, ante el hostigamiento de los revolucionarios filipinos.


Los protagonistas españoles del tan recordado “asedio de Baler”; reconocidos al final del mismo por las autoridades españolas como los “Héroes de Baler” y popularmente a partir de 1945 como “Los últimos de Filipinas”, tuvieron dos momentos claves durante el mismo dignos de recordar; no exentos por cierto de una dosis de la necesaria “fortuna” en medio de tan peculiar y espeluznante odisea padecida en el interior de aquel templo: Estas son: cuando se adopta la decisión de construir un pozo y el momento en el que el Teniente Martín Cerezo lee una noticia en uno de los periódicos por la que deduce, sin paliativos, que el anuncio reiterado de los filipinos es cierto y verdadero: las islas Filipinas ya no son de España.



Diorama de la Iglesia de Baler en el
Museo Histórico Militar de A Coruña




Construir un pozo.
Ambas se sitúan en el extremo cronológico del asedio, es decir, al inicio y en su recta final. Me refiero en primer lugar a la primera de ellas. Fue fundamental aquella idea apuntada en los primeros momentos del asedio apuntada por el teniente Saturnino Martín Cerezo en los primeros días del asedio cuando ya señalaba la necesidad de construir un pozo para abastecerse de agua potable y así evitar riesgos innecesarios de los ataques katipuneros.

La segunda, aquella noticia que leyó el propio teniente del fajo de periódicos que le dejó el Teniente Coronel Aguilar a finales del mes de mayo de 1899. En ella descubrió un dato que le hacía recapacitar en cuanto a la veracidad de los ejemplares y por tanto de las noticias que se publicaban  en ellos. Los comentarios que venían realizando durante meses los filipinos eran reales: Filipinas ya no pertenecía a España.

Evidentemente sin agua potable al alcance, sin aquel pozo dentro de las instalaciones de la iglesia de Baler, el final para los soldados españoles sería bien distinto y precipitado. Nunca lograrían sobrevivir durante 11 meses en aquel lugar como al final lo lograron.

La noticia de un periódico español.
Sin embargo después de tanto tiempo y ante la gravedad de la situación que les ofrecía el día a día en no tener, literalmente, nada que llevarse a la boca; es bien conocida la determinación que tenía diseñada Martín Cerezo para abandonar la iglesia en la noche del día 1 de junio de 1899. Una idea tomada ya a la desesperada, no carente de riesgos y con pocas posibilidades para aquellos hombres que pudiesen salir con vida, tal como al final lograron conseguir.

En los días finales del mes de mayo Martín Cerezo establece un plan de salida de la iglesia y dar así por terminada aquella situación que los estaba llevando al exterminio. La ilusión y esperanza por la ya tan deseada llegada de aquel barco que días atrás apareciera en la bahía se desvanecía al comprobar que nunca llegaban los refuerzos. La idea del rescate se desplomaba por lo que no les queda otra solución que buscar alternativas. Aún así entre las que maneja en su mente no descarta aún la posibilidad del rescate. Sin embargo lo que en realidad toma fuerza en sus pensamientos y razonamientos es rendirse o tramar una huida por el bosque, empresa esta última de máximo riesgo también.

El día 28 detectan la presencia de un barco en las cercanías de la playa lo que pone de nuevo en alerta al grupo. Al día siguiente se presenta un nuevo alto al fuego solicitado por los katipuneros dado que hay nueva invitación a dialogar y nueva visita. Martín Cerezo sigue desconfiando y se muestra cauto ante la situación que se le presenta. La comitiva katipunera se dirige con una bandera española, acompañando al interlocutor, esta vez era el Teniente coronel de Estado Mayor, Cristóbal Aguilar, el cual llevaba una carta del mismo General Diego de los Ríos al objeto de llevarse consigo al destacamento.

En la conversación mantenida, le asegura que llegará un barco para recogerlos, el cual previamente hará a modo señal dos disparos de cañón como aviso, aunque Martín Cerezo seguía desconfiando de toda comitiva que se presentaba delante suya a dialogar.

Recordaba los momentos cuando los katipuneros le aseguraban, meses atrás, que el mismísimo General Diego de los Ríos se había pasado al bando filipino y que incluso fuera nombrado Ministro de la Guerra de los revolucionarios; y como no, aún mantenía en su retina el día en que aquel barco apareciera por la bahía, supuestamente para salvarlos y sin embargo fuera atacado y rechazado por los katipuneros.

En la mañana del día 30 de mayo los del destacamento oyen una detonación procedente de un barco navegando por la bahía. Al poco tiempo otro cañonazo más. Esta era la señal que se había convenido. Esta vez parecía que se estaban dando todos los condicionantes para entender que podría ser la definitiva ocasión para que el destacamento español depusiese sus armas. Por fin venían a rescatarlos.

Engañados por una ilusión óptica y quizás también debido a los delirios propios de semejante estado de excitación a lo que estuvieron sometidos durante tanto tiempo y en unas situaciones tan extremas; no fueron capaces de entender ni comprender que aquella nave, fondeada en la bahía era cierta y verdadera.

Ellos suponían, haciendo cábalas, que por donde navegaba la embarcación las aguas no eran tan profundas como para que fuese posible, puesto que creían que ni siquiera cubrían sus cuerpos, por lo que consideran que aquella embarcación no era más que un simulacro, otro engaño más. Entre ellos mismos se cruzaban apuestas. Un barco de nipa o algo similar, simulando la recreación de un barco de guerra español; eran las conclusiones a las que llegaban entre ellos, oteando el panorama desde lo alto de la iglesia.

Conversación entre el Teniente coronel Aguilar y el Teniente Martín Cerezo:
En estas condiciones el interlocutor enviado a Baler hace acto de presencia ante los asediados a primeras horas de la tarde. En el diálogo que emprende nuevamente con el Teniente Martín Cerezo, este le hace saber que los españoles lo único que están haciendo es defenderse, ya que los katipuneros no cesan en sus ataques, en una forma de justificar la actitud de los asediados. En medio del diálogo el Teniente coronel pide permiso para realizar unas fotografías de la iglesia, dado que iba acompañado por un fotógrafo profesional procedente de Manila, denegándoselo el Teniente Martín Cerezo.

En la retahíla de argumentos que le esgrime el responsable del destacamento al Teniente coronel, le espeta que si la paz existe tal como vienen pregonando los katipuneros, les exige que sean ellos los que den ejemplo en retirarse y dejar de atacar a los españoles. Le hace saber también que le comunique al General que aún tienen comida para tres meses, por lo que dá a entender que no están dispuestos a rendirse así en esas condiciones. Ni que decir tiene que el argumento de la comida era lo más alejado de la realidad, dado que no tenían nada que llevarse a la boca en la práctica. Pero aún así y no conforme con todo lo dicho, remata la conversación con el Teniente coronel Aguilar indicándole que en caso de que no venga nadie a rescatarlos, se presentará con el destacamento en Manila “con la gente que pueda salvar”.

Por su parte el Teniente coronel interroga al Teniente Martín Cerezo para saber si llegado el momento si se presentara el General Ríos en persona para rescatarlos obedecería sus órdenes, a lo que Martín Cerezo le contesta afirmativamente. Con este panorama el Teniente coronel Aguilar finaliza su cometido y antes de marcharse deja en el suelo un paquete de periódicos.


Cronología de la guerra hispano-filipina de finales del siglo XIX
Libro: "El último de Filipinas de Almeiras - José Martínez Souto - un héroe en Baler"


Aguilar no consigue convencer a los soldados españoles:
Así las cosas Aguilar no consigue convencer a los soldados asediados y los informes que traslada a Manila desde luego no dejan en muy buena posición a los del destacamento, tachándolos de locos para resistir con tanta tenacidad. La prensa española recogía distintos bulos y comentarios que comenzaron a circular sobre lo que podía estar pasando dentro de la iglesia centrando las críticas hacia el Teniente Martín Cerezo. Se barajaba como posibilidad a su conducta el temor a ser castigados por su conducta al regresar a Manila y extrañaba mucho el hecho que nunca se presentara a parlamentar el Capitán Las Morenas. Otros en cambio descartaban la traición de los del destacamento puesto que valoraban en tono positivo el hecho de que la bandera española seguía ondeando en lo alto de la iglesia y la resistencia que seguían ofreciendo a los ataques de los filipinos.[1]

Decisión de abandonar la iglesia:
Es ya el 31 de mayo y Martín Cerezo tiene la decisión tomada. Salir de la iglesia. Una decisión arriesgada, a cara o cruz, pero consciente al mismo tiempo de que tenían muchas posibilidades de morir, pero la situación era ya insostenible. En la iglesia ya no tenían nada que echarse a la boca y el enemigo acechaba cada día con más insistencia el pequeño reducto en el que estaban encerrados. No se podía perder mucho más tiempo; apremiaban las horas para ultimar los detalles.

El Teniente al mando del destacamento español no dejaba de pensar en el ofrecimiento del General Ríos, el cual estaba casado con una filipina. A pesar de ello su plan inmediato y definitivo seguía siendo la fuga por el bosque. La fecha fijada es la noche del día 1 de junio. Para ello ordena realizar todos los preparativos con los pocos medios que tenían a su alcance, todos ellos más que precarios. Utilizan cordeles de las lámparas de la iglesia para usar como cuerdas, se reparan abarcas, se queman los fusiles sobrantes y se distribuyen las municiones a cada soldado.

Adopta la difícil solución de fusilar a los dos Soldados encarcelados. El nerviosismo y la impaciencia invadía al grupo. Se acercaba la hora del día señalado para salir al bosque. Aún a pesar de estar la noche despejada comprueban que no hay luz de luna suficiente para emprender la marcha por lo que deciden posponerla para la noche siguiente.

Llega ese momento mágico cuando Martín Cerezo lee una noticia que le deja perplejo y cambia por completo la estrategia y el final del Asedio:
A la mañana siguiente Martín Cerezo volvió a repasar las noticias de los periódicos que había dejado el Teniente coronel. De aquellas que había leído con anterioridad y que repudiaba, le llevaron a creer y defender la inverosimilitud de las mismas. En un momento determinado de la lectura se fija en una pequeña nota de prensa que hace mención a noticias de actualidad de mandos militares, algo habitual por aquellas fechas y en concreto de aquel periódico que tenía en sus manos. Aquella noticia pequeña pero detallada solventaba todas sus dudas. Se hacía mención al traslado de un antiguo compañero suyo, el Segundo Teniente de Infantería FRANCISCO DIAZ NAVARRO, el cual era destinado a Málaga, luego de permanecer en Cuba. Martín Cerezo sabía que las pretensiones de su amigo eran las de conseguir destino a su ciudad natal, por lo que nadie podría inventarse semejante información que allí se publicaba. Los periódicos y las noticias de aquel fajo que les había dejado el Teniente coronel Aguilar no estaban manipulados. No era por tanto falso que las Filipinas ya no eran españolas.

Página nº 2 del periódico "La Correspondencia Militar" del día
6 de marzo de 1899 en la que figura la noticia del destino
de FRANCISCO DIAZ NAVARRO, amigo del
Teniente Saturnino Martín Cerezo

Martín Cerezo informa con urgencia al destacamento de lo leído y de las repercusiones que esto entraña para el grupo y la situación en la que están por lo que es urgente adoptar una decisión. Es fácil imaginar que de nuevo corre por las mentes de los asediados confusión, miedo y alegría contenida a la vez. El Teniente Martín Cerezo propone al grupo que lo más adecuado para ellos es la rendición pactada y honrosa. Era urgente y necesario tomar una decisión y parecía que la huída por la selva tendría muchas posibilidades de acabar con todos ellos.

La noticia en la que figura el destino
de Francisco Díaz Navarro a Málaga


Temerosos por la reacción que pudieran tener los katipuneros por cuanto que aún quedaba muy reciente el ataque con el agua hirviendo y el combate en el que perecieron varios de ellos, la mayor parte de los soldados en principio se niegan a rendirse. En un primer momento los que se inclinan por conciliar la situación con el enemigo son el Teniente Martín Cerezo, los dos párrocos. El Médico Vigil es partidario de la fuga, que la considera factible y la inmensa mayoría de los Soldados se muestran reticentes a la rendición. En buena medida gracias a la intervención de los dos párrocos y la última intervención que realiza el Soldado Jiménez Berro a favor de los criterios de los párrocos la mayor parte del grupo queda convencida que lo mejor es pactar la rendición[2].
Informados de las pretensiones los katipuneros le encargan a Martín Cerezo que formule el documento en el que se redacte la capitulación de las fuerzas españolas en la iglesia de Baler. En este ofrecimiento inicial incluso se les posibilita que lo hagan armados, a lo que Martín Cerezo es rotundo y se niega desde un principio. El Teniente español aún en estos momentos tan extremos y definitivos para ellos se muestra firme y decidido con los filipinos al reiterarles su idea de seguir luchando para el caso de que no se les aseguren una salida honrosa.
En el acta se hace constar que a partir de ese momento quedan suspendidas las hostilidades por ambas partes, deponiendo sus armas los sitiados, haciéndose entrega de las mismas al jefe de la columna sitiadora, como también los equipos de guerra y demás efectos pertenecientes al Gobierno español. Estaban presentes en el acto por parte española Martín Cerezo, el Médico Vigil y los dos párrocos.

Los términos del acuerdo quedaron reflejados de este modo:

En Baler, á los dos días del mes de Junio de mil ochocientos noventa y nueve, el 2º Teniente Comandante del Destacamento Español, D. Saturnino Martín Cerezo, ordenó al corneta que tocase atención y llamada, izando bandera blanca en señal de Capitulación, siendo contestado acto seguido por el corneta de la columna sitiadora. Y reunidos los Jefes y Oficiales de ambas fuerzas transigieron en las condiciones siguientes:
PRIMERA.- Desde esta fecha quedan suspendidas las hostilidades por ambas partes beligerantes.
SEGUNDA.- Los sitiados deponen las armas, haciendo entrega de ellas al jefe de la columna sitiadora, como también los equipos de guerra y demás efectos pertenecientes al Gobierno Español.
TERCERA.- La fuerza sitiada no queda como prisionera de guerra, siendo acompañada por las fuerzas republicanas á donde se encuentren las fuerzas españolas ó lugar seguro para poderse incorporar a ellas.
CUARTA.- Respetar los intereses particulares sin causar ofensa á las personas.
Y para los fines á que haya lugar, se levanta la presente acta por duplicado firmándola los señores siguientes: El Teniente Coronel Jefe de la Columna sitiadora, Simón Tecsón.- El Comandante, Nemesio Bartolomé.- Capitán, Francisco T. Ponce.- Segundo Teniente Comandante de la fuerza sitiada, Saturnino Martín.- El Médico, Rogelio Vigil.

Así concluía el asedio de 337 días a las fuerzas españolas destinadas en Baler.

No se llega a un acuerdo para que los párrocos puedan firmar el acta al no tener la consideración de militares y por lo tanto del destacamento, quedando en condición de prisioneros de guerra.
El líder revolucionario filipino, Emilio Aguinaldo en condición de Presidente de la República de Filipinas firma el día 30 de junio un decreto, a propuesta de su Secretario de Guerra, por el que reconoce los méritos del destacamento español en la defensa de su posición en la iglesia de Baler. Les garantiza facilidades para que puedan regresar a España y sin que sean considerados prisioneros de guerra.
Durante el viaje de regreso a Manila los soldados españoles se enteran del contenido del decreto el día 3 de julio cuando llegan a la localidad de Tarlak, donde radicaba la sede del líder revolucionario. Les hizo llegar un ejemplar de un periódico en el que se publicaba el texto, recibido por los españoles con agrado y el natural alivio que esto suponía, dado que aún estaban de camino de Manila y en manos de los filipinos.

DECRETO DE AGUINALDO
TRANSCRIPCION DEL DECRETO:
Habiéndose hecho acreedoras á la admiración del mundo las fuerzas españolas que guarnecían el destacamento de Baler, por el valor, constancia y heroísmo con que aquel puñado de hombres aislados y sin esperanzas de auxilio alguno, ha defendido su Bandera por espacio de un año, realizando una epopeya tan gloriosa y tan propia del legendario valor de los hijos del Cid y de Pelayo; rindiendo culto á las virtudes militares, é interpretando los sentimientos del Ejército de esta República, que bizarramente les ha combatido; á propuesta de mi Secretario de Guerra y de acuerdo con mi Consejo de Gobierno.
Vengo en disponer lo siguiente:
Artículo único. Los individuos de que se componen las expresadas fuerzas, no serán considerados como prisioneros, sino por el contrario, como amigos; y en consecuencia, se les proveerá, por la Capitanía General, de los pases necesarios para que puedan regresar á su país.
Dado en Tarlak á 30 de junio de 1899.- El Presidente de la República. Emilio Aguinaldo.- El Secretario de Guerra, Ambrosio Flores.


Decreto de Aguinaldo


Consultadas distintas fuentes se ha podido constatar que la noticia leída por Martín Cerezo debe resultar la que aparece publicada en el periódico “La Correspondencia Militar” del día 6 de marzo de 1899; sin que hasta el momento fuese posible asegurar que la misma fuera publicada en "El Imparcial”, medio de comunicación mencionado por el jefe del destacamento español, a la hora de señalar, con esa denominación genérica, aquel fajo de periódicos que le habían dejado a pié de la iglesia el Teniente coronel Aguilar.

Es así que que el destino quiso ser determinante para que el Teniente Martín Cerezo leyese aquella noticia. De no ser así la odisea de los Héroes de Baler, seguramente se escribiría con otro final bien distinto.

En la REVISTA FILIPINA en su edición de Primavera de 2015 se publica un artículo relativo al asunto titulado IDENTIFICACION DE LA NOTICIA DE PRENSA QUE CAMBIO EL DESTINO DE LOS ULTIMOS DE FILIPINAS (ver pinchando aquí)



Pequeño video sobre la NOTICIA del periódico que convenció al teniente Martín Cerezo conforme la guerra había terminado.....











[1] El Imparcial 02/06/1899
[2] LA DEFENSA DE LA POSICION DE BALER…, por Pedro Ortiz Armengol.





Audio-libro que narra las diez primeras páginas del libro EL ULTIMO DE FILIPINAS DE ALMEIRAS...







Video que narra los acontecimientos que ocurrían en el exterior durante el Asedio de Baler:







Video nº 1 sobre el contenido del libro EL ULTIMO DE FILIPINAS DE ALMEIRAS





Entrevista en Radio Oleiros:







Entrevista en el programa "Galicia por diante" da Radio Galega








ENLACES RELACIONADOS CON ESTE ARTICULO QUE LE PUEDEN INTERESAR








Pedidos de ejemplares del libro en papel "EL ULTIMO DE FILIPINAS DE ALMEIRAS... JOSE MARTINEZ SOUTO.. UN HEROE EN BALER", a este correo:

rochacarro@gmail.com

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Los “Ultimos de Filipinas” es una expresión que sirve para recordar a un grupo de soldados españoles que participaron en la guerra hispano-filipina de finales del siglo XIX, sufriendo en la localidad de Baler el asedio de los filipinos durante 337 días, apostados en la iglesia del pueblo. Aquel reducido grupo de hombres empeñados en salvaguardar su posición, fueron reconocidos como los “héroes de Baler”, entre los que figura el soldado José Martínez Souto, natural de Almeiras (Culleredo – A Coruña).
Participó en primera línea de combate durante la gran operación militar de la División Lachambre en Cavite, dirigida por el General Polavieja. Más tarde estuvo en acciones llevadas a cabo en localidades del centro de la Isla de Luzón, para finalizar su periplo con el asedio sufrido en Baler.
Antes del asedio, JOSE MARTINEZ SOUTO ya conocía bien la localidad de Baler. Fué uno de los integrantes del destacamento enviado en octubre de 1897 desde Aliaga al frente del malogrado Teniente Mota. En el intento de aniquilar a la totalidad de los militares españoles por parte de los tagalos, Jesús Martínez Souto salió ileso. Fué uno de los nueve de aquellos soldados esapñoles que luego regresarían a Baler en febrero de 1898, esta vez al mando del Teniente Juan Alonso Zayas y posteriormente a la muerte de este de Saturnino Martín Cerezo.
Una historia de la Historia de España que comienza con las revueltas de los nativos que darían al traste con el imperio español en aquellas tierras. En el conflicto que se desarrolla los actores principales fueron España como la metrópoli y las Filipinas, como la colonia; hasta que entra en escena un tercero, Estados Unidos, que dá al traste con las pretensiones de unos y otros.

Una emocionante historia real en la que se mezclan multitud de sensaciones la cual más impactante, en donde florecen los sentimientos de honor, lealtad, disciplina, desconfianza, tenacidad, de supervivencia, de convivencia y un sinfín de adjetivos que se podrían enumerar.

Son los últimos coletazos del imperio español "en el que nunca se ponía el sol". Un final de siglo XIX que supuso la pérdida de las últimas colonias en Ultramar: Cuba, Puerto Rico y las Islas Filipinas; todo ello en un complejo y convulso proceso en el que EE.UU. se convierte en potencia mundial, en un contexto político interno basado en bipartidismo puro y duro entre el Partido Conservador y Partido Liberal; con una clase política que vivía de espaldas a la realidad y a las necesidades y penosidades que el pueblo padecía.

Es la historia de José Martínez Souto, que es también la historia de otros muchos jóvenes españoles, casi adolescentes, a los que se les pedía y exigía su entrega hasta la muerte si fuese necesario para defender los intereses de España, en una tierra lejana, con una orografía, clima y vegetación del todo desconocida y ante una población nativa, con sus singularidades, cada vez más enfervorizada en su dilema propio de independizarse de los "castillas". Una generación sufridora destinada a cumplir los deseos de unos pocos que vivían otra realidad, su otra realidad.

Con absoluto respeto hacia todo ellos, a José Martínez Souto, a su familia y amigos, va dedicado este trabajo recopilatorio que no pretende otra cosa que de forma humilde participar en el merecido reconocimiento a toda esa otra generación del 98 olvidada por la inmensa mayoría y poco reconocida a la vez, salvo honrosas excepciones. Una generación de hombres que muchos de ellos dieron su vida, ofreciendo sus mejores años de juventud con dedicación y sufrimiento para luchar allí donde fueron llamados, en tierras lejanas, contra un pueblo que a su vez buscada su independencia como país, como nación.

Una generación que le tocó vivir avatares del remate del siglo XIX que escribieron una página más de la Historia de España, la cual hoy no podemos obviar ni olvidar; por la entereza y el valor que le dedicaron en nombre de España y de los intereses de una comunidad a la que forzosamente tenían que servir. Una generación que soportó las penurias y calamidades ofreciendo lo mejor de sus vidas para que hoy sigamos estando en donde estamos y sigamos siendo quienes somos.

Son en definitiva una generación no tan lejana, pues es la de los abuelos de nuestros padres, a los cuales aún parece que podemos tocar. Es la generación de José Martínez Souto. Va por ellos.


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El comportamiento de los soldados del Destacamento de Baler, recibieron el reconocimiento internacional, más aún por parte de las Filipinas y de los Estados Unidos.
Hoy en día se estudia ese comportamiento y las tácticas empleadas por aquellos hombres en academias militares de prestigio internacional de los Estados Unidos, Francia y Rusia.



El año 2016 será recordado por el estreno de una película dedicada a los grandes HÉROES DE BALER. Será la película "1898.- LOS ULTIMOS DE FILIPINAS". Un film actual del que se espera haga hornor y fiel realidad de la hazaña y vivencias de este grupo de soldados españoles. En el siguiente enlace el video Tease Tráiler 1898.- LOS ULTIMOS DE FILIPINAS, cuyo gran protagonista es el actor gallego Luis Tosar, en el papel del teniente Martín Cerezo.
Como aperitivo, en el Festival de Cine de San Sebastián se podrán visualizar los primeros 10 minutos.
El estreno está previsto para el día 2 de diciembre.






Mi particular visión sobre la visión que ofrece la película "1898. Los Últimos de Filipinas", pinchando PINCHANDO AQUI EN ESTE ENLACE










El periódico EL CORREO GALLEGO en su edición del 24/04/2016 publica un artículo sobre los tres gallegos que formaron parte del grupo LOS ULTIMOS DE FILIPINAS.- Para leerlo PINCHAR AQUI